LA COMPAÑÍA
 

FILOSOFÍA

ASEGURAMIENTO DE INGRESOS COMO POLÍTICA EMPRESARIAL

Por lo general las empresas son objeto de hechos ilícitos que afectan su productividad. Ignorar la existencia de conductas fraudulentas en el entorno empresarial, o en el mismo interior de las compañías, es tanto como asumir que la empresa puede subsistir pasivamente en medio de las agresiones**.

Si bien es cierto que muchas compañías pueden cumplir sus metas en medio de la hostilidad del entorno -ya por la capacidad ejecutiva de sus directivos o por las condiciones favorables del mercado-, es igualmente cierto que los ingresos de las empresas pueden ser objeto de aseguramiento y también de incremento si se diseña y aplica una política empresarial en ese sentido.

Pensar en una política de aseguramiento del ingreso lleva consigo una profunda cultura de seguridad entre los niveles ejecutivo y operativo de la compañía. Analizar y actuar ante conductas fraudulentas de distinta procedencia resulta esencial en el diseño y aplicación de una política que proteja a cada uno de los procesos productivos de la empresa.

Una política de aseguramiento del ingreso obliga a la compañía  a trascender las convencionales formas y resultados que ofrecen los departamentos de seguridad o grupos antifraude. Los cuales, sea dicho de paso,  son vistos como objetos extraños al conjunto corporativo y lastres en términos de rendimiento económico. En cambio, una división de prevención de pérdidas o de aseguramiento del ingreso apunta a constituirse en parte activa de la productividad de la compañía, a tal punto que puede asegurar que sus gastos de funcionamiento se derivan del dinero que la empresa daba por perdido o, peor aún, que no sabían que existía.

La diferencia entre el típico departamento de seguridad y uno dedicado al aseguramiento del ingreso no es sólo semántica. Se trata de diferencias de fondo en términos de política y de metodología frente a los problemas que derivados de conductas ilícitas afectan o pueden llegar a afectar a la empresa.

Los departamentos de seguridad se caracterizan por criterios o metodologías reactivas frente al problema, en otras palabras son “apaga-incendios”. Esta condición los conduce a dinámicas coyunturales que los consume y no les permite atender el fenómeno de manera integral y mucho menos prever los riesgos y amenazas que plantea el futuro. Además, son dependencias desconectadas de la información productiva y económica de la compañía. Carecen de indicadores de gestión al ampararse en la intangibilidad o relatividad de su misión. Y frecuentemente, están fuera del nivel ejecutivo de la compañía porque no aportan a la productividad.

En contraste, la división de prevención de pérdidas o de aseguramiento de ingresos funciona sobre políticas anticipativas a fenómenos que insinúa el futuro. Tal característica conlleva a diagnósticos estructurales que garantiza la intervención de seguridad en el origen de los fenómenos, no en sus efectos o consecuencias. La propuesta de prevención de pérdidas implica conocer y estudiar detalladamente los procesos productivos y la situación económica de la compañía con el fin de detectar y neutralizar oportunamente las vulnerabilidades del sistema. En esa perspectiva, ofrece la posibilidad de contar con sistemas de alertas tempranas de utilidad para la operatividad de la compañía. Atado a lo anterior, el modelo de prevención de pérdidas se construye sobre indicadores de gestión, permitiendo que las instancias de control interno de la empresa puedan comprobar el retorno de la inversión en seguridad. En consecuencia, el sistema de prevención de pérdidas está en contacto permanente con los ejecutivos de la compañía para coadyuvar al logro de las metas corporativas.

En síntesis, la política de aseguramiento de ingresos parte de cuatro criterios. Primero, previsión: lo que implica imaginar y estudiar todo lo que puede llegar a ocurrir. Segundo, prevención: lo que se traduce en medidas anticipativas de carácter pasivo que eviten los escenarios de futuro indeseados. Tercero, preparación: lo que en la práctica es diseñar e internalizar medidas activas para afrontar efectivamente situaciones de crisis, sí se llegan a presentar. Y cuarto, participación: lo que significa integrar a los distintos niveles de la compañía en la formación de una cultura de autocontrol orientada al aseguramiento de ingresos.

Leyder Jiménez
Directivo

** Una estadística publicada en mayo de 1999 en The Economist indica que un 30% de las empresas que cerraron sus puertas en Estados Unidos -entre 1994 y 1998- lo hicieron por efectos de la deshonestidad de sus empleados o por la acción de defraudadores profesionales.



 

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